
Monday, May 7, 2012
Thursday, April 26, 2012
Ingrid Betancourt: el infierno es una jungla infinita
En su visita a la ciudad de Miami con motivo de la
presentación del libro No hay silencio que no termine, era difícil de
creer que Ingrid
Betancourt, una mujer de maneras suaves,
educada en colegios exclusivos, y de una serenidad a punto de quebrarse,
hubiera sobrevivido a los seis años y medio de cautiverio en la jungla por las Fuerzas Armadas
Revolucionarias de Colombia (FARC).
Sólo en algún momento de
aquella noche en el auditorio del Miami Dade College, donde la gente escuchaba
en un silencio cargado de respeto y admiración,
la voz de Betancourt se oscureció ante los recuerdos
plasmados en esa autobiografía que, como definió el escritor Héctor Abad, “será
un clásico de la historia y de la literatura colombianas”. Medios como el británico The Guardian o el
francés Le Monde tampoco han ahorrado elogios. Y hasta la reina de las amas de
casa norteamericanas, Oprah Winfrey,
admitió que nunca en su vida “había escuchado un relato de supervivencia,
resistencia y coraje tan increíble”.
El título de No hay silencio que no termine proviene
de un verso de Pablo Neruda. En setecientas
intimidantes páginas que se leen no obstante demasiado rápido, la ex candidata
a la presidencia
de Colombia por el partido Oxígeno Verde narra de principio a fin la crónica
alucinada de lo que fue su captura por las FARC y posterior liberación por
medio de la Operación Jaque, en la época del gobierno de Alvaro Uribe.
El libro, del que doce editoriales han comprado
los derechos, fue escrito totalmente en francés, pero la misma Betancourt
supervisó la traducción al español. Tiene una escritura muy visual, que envidiaría cualquier film de
aventuras de Hollywood, y nada parece haber quedado afuera. Allí están Marc –el rehén norteamericano con
quien vive un amor “platónico”–, el fiel protector Lucho, Clara Rojas, los líderes de
las FARC, el recuerdo de la familia.
Dignidad. Esa palabra que recuerda en
la boca de su padre, actúa como un mantra, una oración, que la acompaña a lo largo
de su secuestro. Eso mismo se siente en el libro. Una dignidad ante la miseria
humana donde triunfa, finalmente, el amor.
–Creo que el amor me dio la fuerza para no perder en mi visión que debía
volver a mi casa. Esa conciencia de
querer luchar, me lo dio el amor. Pero
la dignidad fue la llave para saber cómo reaccionar a situaciones inesperadas y
terribles las cuales uno porque ha perdido la libertad ha perdido la brújula de
cómo es uno, de qué es bueno y qué es malo. Esa obsesión por la dignidad me
permitió que la situación no me resquebrajara y preservase el alma.
¿Cuándo y por qué decidió escribir en francés No
hay silencio que no termine?
–Simplemente salió así, de una manera espontánea. Cuando me senté a
escribir frente al papel, con el lápiz en la mano, las primeras frases fueron
en francés. Pensé que luego eso cambiaría, pero no fue así.
–Cuando llegué de la selva, no podía hablar con mi madre ni con mis hijos
del tema, estaba sin fuerzas. Pero por escrito, pensé, que sí podía
intentarlo. Mi mamá y mi hija vinieron
muy emocionadas luego de leerlo. En
cambio mi hijo todavía no lo ha leído. Creo que él no ha encontrado el momento
emocional para hacerlo. Mi hermana recién ahora lo está leyendo. Ha llegado su
momento.
¿Tiene contacto con algunos de los 15 rehenes que
fueron liberados en la Operación Jaque?
–Con todos. Son para mí mi familia. Lo que les sucede me interesa. Me
siento muy unida a ellos. A veces llaman para pedirme consejos, como yo a
ellos. Es muy bonito. A pesar de los
momentos difíciles de todos estos años, queda el amor.
¿Por qué cree que en el resto del mundo su figura
despierta admiración y en Colombia las opiniones son contradictorias?
–Mi historia con Colombia es tormentosa. Hay actitudes de mi país que son
para mí muy difíciles de entender, pero también creo que eso hay que superarlo,
sobre todo en mi corazón. Creo que es
una tarea del tiempo.
Algunas de las páginas de su libro fueron rechazadas
con indignación por Clara Rojas.
–A Clara la quiero mucho como al resto de mis compañeros. Todo lo que ella ha hecho es humano. No creo
que haya cosas que nos separen inevitablemente. El hecho de haber vivído lo que
hemos vivido nos hace que siempre seamos hermanas, importantes la una para la
otra.
¿Cómo se siente hoy Ingrid Betancourt?
–Hay algo que no se ha ido de mi alma, y es la gratitud a la vida, a
Dios, eso es un sentimiento muy hermoso. La gratitud es plenitud. Es estar
lleno de paz. Lo que pasa con la vida, los momentos difíciles, son sólo
turbulencias. Por supuesto, uno tiene que aprender de ellos. Pero tengo una
gran serenidad. Estoy feliz.
Vera
Entrevista Ingrid
Betancourt (El Nuevo Herald)
Sunday, April 22, 2012
Tuesday, March 27, 2012
McFuguet
Unlike
many Latin American authors, Alberto Fuguet’s relationship to the
United States is not particularly traumatic. The author’s literary
material is mined from the middle and upper classes who move easily
about the country and – even more notable – through its culture,
be it high or purportedly low. Fuguet’s creatures are poor little
rich kids and not poor little immigrants.
But let’s be clear: the
problems are not trivial just because they belong to the comfortable
classes. In the end, as they say, los ricos also cry. That
might be where the unsuspecting reader falls into a trap as Fuguet
proves his narrative power in these tragi-comic stories. Here’s
another difference between this Chilean author and others who have
taken on the American dream; he never forces a pseudo-sociological or
anthropological analysis. Fuguet’s characters find themselves in
banal details like a random photo found in an airline magazine or an
old man who tries to eat cereal at a Denny’s.The design of Shorts: Stories deserves mention. The photos and drawings included here make the book an object as beautiful as it is delicate.
Vera
Review
Shorts: Stories (Cortos), Alberto Fuguet (Meansheets)
Friday, March 9, 2012
Una conquistadora llamada Esmeralda
Por más que la escritora Esmeralda Santiago
resida en los Estados Unidos desde hace décadas, su obra entabla un diálogo
perpetuo entre el país adoptivo y la tierra de su infancia, Puerto Rico. Santiago escribe sobre lo traumático que
suele ser abandonar una cultura y tratar de adaptase a otra. Es como aquel que
deambula en una habitación a oscuras: despacio, con una sensibilidad
desesperada por entender cuál es en verdad el significado de las formas con las
que se topa en el camino. Desde que debutó en 1994 con el libro de memorias Cuando era
puertorriqueña (When I Was Puerto Rican) se convirtió en una escritora que
consiguió un espacio en esa gran biblioteca que es la de los autores hispanos
(o de origen) que viven en los Estados Unidos.
Más allá de la etiqueta, posiblemente incómoda
como cualquier otra, aunque muy entendible si se vive en este país, el corpus
de esa biblioteca es felizmente heterogéneo, en edad e idioma: Sandra Cisneros
(México), Julia Alvarez, Junot Díaz
(Rep. Dominicana), Oscar Hijuelos, Alma Flor Ada, Antonio Orlando Rodriguez
(Cuba), Jaime Manrique (Colombia), Daniel Alarcón, Salvador Luis (Perú),
Edmundo Paz Soldán (Bolivia), Ernesto Quiñonez (Ecuador), y la lista continúa
en un interesante etc.
Académica de carrera –estudió en el Sarah
Lawrence College, de New York, y la Universidad de Harvard–, Santiago también
ha publicado la novela El sueño de América (America's Dream), los libros
de memorias Casi una mujer (Almost a Woman) y El amante turco
(The Turkish Lover), el libro para niños Una muñeca para el Día de Reyes (A
Doll for Navidades) y varias antologías, entre ellas la agradable Las Christmas: escritores
latinos recuerdan las tradiciones navideñas (Las Christmas: Favorite Latino
Authors Share Their Holiday Memories).
Su nuevo libro se
llama Conquistadora, una obra de quinientas páginas en la que un elenco
de personajes secundados por la protagonista Ana Cubillas emprende ese viaje al
fin de la noche (en este caso una hacienda heredada en Puerto Rico) en el que
no falta la codicia, las intrigas decimonónicas y el amor como letal conjuro
contra la banalidad de la existencia. La novela empieza cuando Ana, que desde
niña en España tenía una gran curiosidad por Puerto Rico gracias a la lectura
de los diarios íntimos de un familiar que había viajado hasta allí, logra por
fin trasladarse a la isla. No lo hace sola: convence a los hermanos gemelos
Ramón e Inocente Argoso, quienes tienen una relación dependiente casi enfermiza. Una vez en tierra extranjera,
como todo buen relato, la aventura no se
hace esperar. El escritor Oscar Hijuelos
comentó: “Es una historia inolvidable que ilustra y deleita, con una narrativa
entretenida y de profunda sensibilidad”.
Su anterior trabajo era un libro de memorias, El
Amante Turco. Ahora publica una novela histórica de quinientas páginas.
Para algunos podría ser un capricho parcial la elección del tema, aunque sin
duda entre una y otra obra hay conexiones.
–Por supuesto. Conquistadora surgió de
una investigación y de mi interés por mis antecedentes familiares. Conocí a mis
abuelos maternos y paternos pero más allá de ellos no tenía mucha
información. A ellos los entrevisté para
que me contaran cómo eran esas épocas, y cuanto más sabía, más me interesaba.
Empecé a escribir la novela para tratar de capturar una historia que en verdad
no conocía. Decidí entonces inventar lo que faltaba, lo que nunca iría a saber
bien.
La protagonista de la novela es una
transplantada. Se crió en España pero es en otra tierra donde decide hacer una
nueva vida, una por cierto radicalmente opuesta. Su historia es bastante
parecida...
–Sí, conozco ese tema (se ríe). Esa ha sido mi
vida. Cuando uno se va o lo “traen”, como fue mi caso, de Puerto Rico a Estados
Unidos, es algo traumatizante, algo que tiene un gran impacto en la vida.
En el caso de Ana desde un primer momento quiere
marcharse de España, pero a medida que se integra al nuevo lugar y se
materializa ese concepto, la realidad se vuelve hostil.
–Ella se sorprendió de Puerto Rico. Ana venía
con una idea romántica en base a lo que había leído en esos diarios y cartas
dejados por sus antepasados que habían sido conquistadores. Y claro, esas
cartas en verdad no decían mucho, en tal caso, decían lo que ellos querían que
las familias supieran. Relataban una historia con mucho de ficción. Sin
embargo, cuando se da cuenta, Ana no le tiene
miedo al trabajo. “Si eso es lo que tengo que hacer, lo haré”, se dice a
sí misma.
Muchos
podrían asegurar que Ana fue una mujer adelantada a su tiempo: hizo siempre lo
que quiso. ¿Qué piensa al respecto?
–Fijate qué cosa: cuando una autora escribe algo
diferente a lo conocido en la literatura del siglo XIX, pues entonces pensamos
en todo lo que las mujeres hemos logrado.
Pero en verdad yo creo que hubo mujeres como Ana en esa época, pero no
nos han llegado sus diarios ni sus
novelas. Siempre ha habido personajes como Ana, lo que pasa que ahora la
estamos descubriendo.
El
tema de la esclavitud también aparece en la novela.
¿Qué tan difícil es publicar una novela para un
autor puertorriqueño?
–Todavía es difícil entrar a los Estados Unidos.
El primer obstáculo es que aquí los lectores buscan novelas en inglés. Ahora
algo está cambiando en las editoriales, ya que hay un poco de confusión por los
grandes adelantos tecnológicos y la industria del libro no es ajena a ello. Por
supuesto que debería haber más traducciones de nuestros autores y de los
latinoamericanos. Es algo que necesitamos.
Cuando se traduce se llega a más público. No sólo a un puertorriqueño o
mexicano, para dar un ejemplo, le interesan los temas de su país. Hay un
público que desea saber más de otras culturas.
A diferencia de otros autores de origen hispano,
usted es completamente bilingüe, habla y
ha escrito artículos y ensayos en
español. ¿Por qué no una novela?
–Lo que pasa es que aquí en los Estados Unidos
tengo dos editoras y ninguna sabe español. Entonces es más fácil la cuestión de
que todo sea en inglés, hay más posibilidades para que se publique. Además, si
escribo una novela en español tengo que esperar como tres años para que
finalice la traducción. Es un proceso muy largo. Por otra parte, mi vida se
realiza el 95 por ciento en inglés. Cuando empiezo a escribir lo hago en inglés
y español, son mis primeros intentos, pero cuando ya tengo que decidir qué
novela voy hacer, entonces lo hago en inglés. Para mí se ha convertido en algo
más fácil, también.
Vera
Entrevista Esmeralda Santiago(El Nuevo Herald)
Wednesday, March 7, 2012
El hacedor pop
Hubiera sido interesante saber qué
hubiese opinado Jorge Luis Borges de todo este asunto. Hace unos meses Agustín
Fernández Mallo (La Coruña 1967) publicó El hacedor (de Borges), remake
en el que homenajea al mítico escritor argentino en un género que denomina
“remake literario”. El libro, aunque conserva los mismos títulos y escructura
del volumen de Borges, tiene enlaces de páginas web, vídeos de Youtube,
reinterpretaciones, pero ningún plagio. Sin embargo así no lo entendió María Kodama, viuda del autor, y junto a sus
abogados demandó a Fernández Mallo.
De esta manera El hacedor (de
Borges), remake ha sido retirado de
las librerías. Y, según parece, no se volverá a publicar. Este hecho
produjo que artistas e intelectuales de América Latina y España salieran apoyar
a Fernández Mallo. Como inequívocamente opinó Juan Villoro sobre el tema: “un
tema borgiano con solución kafkiana”.
Sin contar este incidente, Fernández
Mallo es el autor más visible de un grupo
de narradores —Jorge Carrión, Eloy Fernández Porta, Vicente Luis Mora y
Juan Francisco Ferré — que la prensa española ha dado en llamar Generación
Nocilla o Mutante, cuya denominación procede del título de una serie de sus
novelas: Nocilla Dream (2006), Nocilla Experience (2008) y Nocilla
Lab (2009).
¿Qué es lo que encuentra un lector en
este mundo Moncilla? Muchas sorpresas. A diferencia de otras generaciones, la
brújula de ésta da hacia la cultura
norteamericana, pero también a la centroeuropea, con autores como Don DeLillo y
Thomas Bernhard. Y toma referencias de la publicidad, la televisión, las artes
plásticas y la ciencia. Un exquisito Aleph de cultura pop.
¿Esperabas el apoyo de los escritores
hacia El hacedor (de Borges), remake?
—Recibir el apoyo
de la comunidad literaria fue para mí muy gratificante, significa que no estás
solo en los malos momentos en lo que se siente hoy por cultura contemporánea.
Fue un trabajo moralmente y estéticamente respaldado. Que el libro haya sido
retirado de las librerías es algo frustrante.
El escritor no es como un pintor: un libro no es una serie única. La
vocación de un libro es la reproducción. Espero que haya pronto un acercamiento
entre los abogados de María Kodama y la editorial.
Una de las características de tu
literatura es que antes había escritores que trabajaban la “alta” literatura y
otros la “baja”, como Witold Gombrowicz. En tu caso has establecido un diálogo.
—Es un diálogo
que sale de manera espontánea. Nunca pensé en hacerlo. Sale simplemente de mi
cabeza. Creo que todo el mundo hoy tiene
una mezcla de alta y baja cultura. Está la Universidad con la televisión, los
medios de comunicación, la Internet. La clave está en mezclar eso sin
prejuicios. Si ves que hay una conexión entre una publicidad y un pensamiento
de Kant o de Borges, por qué no vas a concebir esa poética en un punto.
En la década del 70 decir este tipo de
cosas estaba ridículamente mal visto. Ha pasado poco tiempo pero parece el
principio de los tiempos.
—Son cosas que
han caído por su propio peso. En los 70 no veías programas de televisión, había
como una legislación que decía que un escritor no podía ver televisión... El
papel que tiene hoy en la sociedad el escritor ha cambiado, también. El ha ido
junto a ella. Yo creo que antes se creaba desde el conocimiento, el autor era
alguien que estaba encerrado escribiendo en su cámara. Era algo como sagrado.
Creo que hoy lo hacemos desde la información que recibimos todos los días. Eso
lo elaboramos y lo volvemos a sacar.
¿Cómo surgió lo de “Generación Mutante”?
—Es un nombre que
dio la prensa española a un grupo de narradores jóvenes. Ninguno de nosotros
tuvo la intención de hacerla, por eso fuimos los primeros sorprendidos. Lo que
me interesa de todo, más allá de los nombres, es que hay una nueva generación
de autores en España. Eso es lo mejor. Los puntos en común, por ejemplo, es que
hacemos una lectura horizontal de la sociedad de consumo. Puedes hablar de un
comic como de una publicidad y todo relacionarlo dentro de los procesos de
consumo. Antes parecía que la literatura era ajena al consumo. Un escritor no
podía hablar de eso porque era algo puro. En absoluto. Ponemos todos esos
referentes en la literatura.
Hay ciertos puntos de contacto con lo
que fue en América Latina lo de McOndo.
—Sí y no. Ellos
se agruparon voluntariamente y escribieron un manifiesto. Tenían una intención
muy clara: “señores estamos cansados del realismo mágico”. Lo nuestro fue algo
más natural, aunque sí hay una influencia de la cultura norteamericana.
Partimos que el mundo ya es un mundo globalizado, sin ninguna actitud de
demoler nada anterior. Simplemente decimos que existimos. Nos interesa más una
fiesta que sucede en Dinamarca que lo que hay aquí al lado. Qué se puede hacer a partir de este mundo
globalizado.
Esa generación se gestó con una España
rica y ahora el país está en crísis. ¿Cómo se ve reflejado ese proceso?
—Todavía es algo
reciente, pero creo que ya se está
reflejando. Hay un gran sentimiento de que algo se ha roto, y que algo
importante va a pasar en esta sociedad de consumo. No sé como se plasmará, pero
lo que sí estoy seguro que ya no va haber marcha atrás. El consumo se ha roto.
¿Qué opinión tienes de los indignados?
—La verdad que
nunca hablo demasiado sobre eso, ya que tengo una opinión como la de cualquier
ciudadano. No he ido a las marchas porque soy una persona demasiado
individualista como para participar de muchas cosas sociales. Pero sí me parece
una respuesta lógica a una situación económica que es una tomadura de pelo
provocada por ciertos poderes. Creo que hoy la sensación es que España no está
manejada por la política. Hay fuerzas económicas muy puntuales contra el país.
No soy ingenuo: esto siempre ha sido así pero hemos llegado a un punto
llamativo. Y cuando la gente está mal, dices qué pasa. Igual estoy más
involucrado en problemas estéticos que sociales.
Vera
Entrevista Agustín Fernández Mayo (El Nuevo Herald)
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