Tuesday, April 12, 2011

Las coordenadas del deseo



 
 
 


Cada libro de Alberto Ruy Sánchez es recibido con el entusiasmo de una legión de fieles y secretos lectores. Desde que visitara por primera vez el puerto de Essaouira-Mogador  ubicado en la costa Atlántica de Marruecos, en la década del ’70, el escritor mexicano ha quedado inverso en esa morada tan llena de deseo y poesía, tratando de unir el mundo árabe y musulmán con la cultura hispanoamericana. Como un cartógrafo del deseo, cada nueva lectura invita a regresar a esa tierra de asombro, perderse entre su mitología.

 
“Mi interés en la cultura islámica es un interés en uno de los mejores momentos de la historia europea que tuvo un impacto fuertísimo - y negado por los historiadores hasta hace poco- sobre los territorios hispanos de América”, informa el autor. “Una de las más poderosas y ricas vertientes del México actual y de los mexicanos: barrocos como un arabesco en la frente”.

 
La edición de “9 veces el asombro” continúa el ciclo inaugurado en las novelas “Los nombres del aire”, “En los labios del agua” y  “Los jardines secretos de Mogador”. Todas ellas fueron celebradas por escritores como Octavio Paz y Severo Sarduy. A propósito de “Los nombres del aire”, el mítico autor cubano señaló: “Alberto Ruy Sánchez ha escrito  más que una novela: una semiología de la movilidad; el libro se va convirtiendo, mientras desciframos —no sólo con el conocimiento, sino también con la piel, con la invención táctil— las voluptuosas aventuras de Fatma, en una heráldica del desplazamiento. Es decir, en otro modo, el de la fulguración, seguramente más idóneo, de aprender a leer”
 
 
A la distancia, ¿cómo fue la creación de “9 veces el asombro”?
 
– Fue lenta, lentísima, como en todos mis libros y en casi todo lo que hago: reescribiendo y tratando que el tiempo llene de nuevas experiencias vitales cada relato, cada frase si es posible. Cuidando la composición para que pueda ser lo mejor que puedo hacer en cierto momento. Lo escribí rebelándome contra la  triste definición del asombro y del acto de asombrase que da el diccionario de la Real Academia: "echar sombra una cosa sobre otra; obscurecer un color claro; asustarse; tener una sorpresa agradable". Prefiero la definición del acto de asombrarse que se tiene en el mundo árabe, según el diccionario más antiguo y común de la lengua: Asombrarse es "experimentar un impacto agradable ante una realidad nueva que se juzga maravillosa".
 
Sus obras están impregnadas de erotismo y poesía. ¿Por qué cree que estos rasgos son los adecuados para Mogador?
 
– Tal vez deberíamos preguntarnos si Mogador es adecuado para hacer poesía con una actitud erótica. Poesía y erotismo confluyen en la palabra “revelación”: el surgimiento inesperado y asombroso de una dimensión excepcional de la vida. Y Mogador es una ciudad donde la confluencia intensa de un mestizaje de muchas vertientes ha creado la posibilidad de vivir continuamente esa revelación más allá incluso de nuestros deseos. Al menos así me ha parecido que sucedió cuando visité por primera vez Mogador en la costa Atlántica de Marruecos y todavía me sucede cada vez que voy.
 
Sobre el tema se ha hablado mucho y me gustaría saber su opinión. ¿Cuál es la línea que divide el erotismo y la pornografía?
 
– Se trata de una línea imaginaria y cultural: lo que para unos es pornografía para otros, en diferentes tiempos y lugares no lo es. La pornografía es una Condena social. El erotismo es una dimensión de la vida: la afirmación vital. Se trata de dos realidades distintas que no entran en conflicto nunca. El velo del juicio anti- pornográfico trata de confundir los términos pero no deben ser mezclados. Ahora bien, existe un tercer término que debe ser tomado en cuenta. Porque algo muy distinto es el crimen de abuso, especialmente contra menores de edad que es eso, un crimen que merece un castigo  severo y mucho más que una reprobación moral.
 
¿Qué reflexión tiene sobre Marruecos, lugar que ha visitado con frecuencia?
 
– Es el país más Occidental de Africa. Magreb significa en árabe Occidente: Marruecos es también el país menos fundamentalista del universo islámico, el más liberal porque no puede existir ninguna autoridad religiosa por encima del Rey, que es descendiente del profeta. Por lo tanto Marruecos es el país donde puede resurgir lo mejor del concepto islámico original, multicultural y liberal, contrario en gran parte al fundamentalismo reinante y creciente actualmente en el mundo. Marruecos es además el país más parecido a México: ambos países son nietos de la cultura arábigo- andaluza que estuvo presente durante ocho siglos en dos terceras partes de lo que ahora llamamos España y Portugal
 
Otro de los rasgos de su obra es el viaje. ¿Piensa que el viaje, precisamente, tiene un nuevo concepto en la era de la Globalización y la Internet?
 
 – Es más fácil desplazarse, es cierto. Pero en mis libros lo que trato de recuperar no es tanto el viaje como desplazamiento sino como búsqueda interna y externa de una trascendencia, de algo que nos rebasa y que, en mis libros, lo encarna la persona amada. Se trata del viaje como un misticismo erótico que hace de la mujer una deidad a la que se llega a través de rituales poéticos. Y el mundo, la geografía, es una metáfora y una experiencia del cuerpo amado.
 
Tuvo de profesor en Francia a Roland Barthes. ¿Ha encontrado en las nuevas generaciones de escritores latinoamericanos resabios de su influencia?
 
– Sinceramente no. Pero no conozco todo lo que se escribe actualmente en todos nuestros países. ¿Quién lo conoce? ¿Quién lo podría realmente conocer? Además, es difícil saber cuáles son las verdaderas influencias en los escritores. Yo creo que una influencia de verdad es tan asimilada que no se nota. Las que se notan son superficiales, anecdóticas. Mi principal influencia, por ejemplo es la literatura narrativa de Samuel Beckett, y nada parece más alejado de mi escritura que la de él. Y la obra de Roland Barthes es tan amplia que a algunos puede importarles un aspecto de su obra y a otros otra.
 
¿Qué le diría a un lector que nunca ha entrado a “Mogador”? 
 
– Que trate de llegar por mar aunque también por tierra puede tener una sorpresa agradable. Que al cruzar la Puerta del León lea la inscripción que dice: Al cruzar esta puerta encontrará, tal vez, la realización de sus deseos". Y que al leerla piense que puede aplicarse a sí mismo la respuesta de Lezama Lima cuando le preguntaban qué es lo que más admira en una persona: "que le guste la guayaba que come todos los días y la granada que nunca ha probado, que se acerque a las cosas por apetito y se aleje por repugnancia, que al despertar sea como un recién nacido pero que al acostarse esa misma noche sea milenario".
 

 

                                                                                                        Vera

 

 

Entrevista Alberto Ruy Sánchez (Hojasbravas)

 


Tuesday, March 22, 2011

Juan José Hernández


Mucho antes de saber que era admirado por Julio Cortázar, Octavio Paz, Tomás Eloy Martínez  o Alejandra Pizarnik encontré en una mesa de saldos de calle Corrientes un delgadísimo libro de tapas negras y  letras blancas cuyo título decía Juan José Hernández. Antología. Recordaba el nombre del autor porque había leído en un número de la revista Sur, también encontrada en esas jóvenes peregrinaciones por las librerías del centro de Buenos Aires, un cuento suyo, “Las Dalias”. Habían sido tan pocas páginas y sin embargo uno sabía que eran las necesarias para contar una historia que, como los buenos autores, dejaba que el lector completara a su libre imaginación la trama. Para mi sorpresa, ese delgado libro, editado por el Centro Editor de América Latina, además de cuentos traía una selección de poemas, que hizo definitivamente que lo comprara.

Como en aquél, ninguno de los nuevos que leí me defraudó: el estilo de su prosa trabajada pero sumamente grata, que nunca se interponía groseramente entre el lector y la historia, la oralidad que no olvidaba el detalle revelador perduraron indelebles en mi memoria. Lo mismo ocurrió con su poemas, donde el sentido musical se unía a la sensualidad de imágenes del Norte argentino y cierta malicia exquisita. Supe que Juan José Hernández se convertía en esos autores que nos acompañan en inteligentes y placenteras relecturas a lo largo de la vida.

Así fui buscando sus libros, prácticamente inhallables,  y enterándome de algún dato biográfico que pese a lo que algunos se obstinan en no reconocer, es imprescindible para completar el trazo de una obra. Fue por José Bianco, precisamente, que al escuchar los relatos de su natal Tucumán lo alentó a escribir cuentos. De esta manera publicó “El inocente”, por el que recibió el Premio Municipal de Narrativa en 1965.  Fue amigo de Silvina Ocampo de quien siempre guardo un profundo y especial afecto. Con ella escribió una pieza de teatro, La lluvia de fuego, aun  inédita, pero que se estrenó en París en 1997, con Marilú Marini en el papel de Adelaida. La obra la escribieron en el estudio que tenía Ocampo en su casa-museo de calle Posadas, donde vivía junto a Adolfo Bioy Casares. La obra está protagonizada por una mujer rica y sensual que tiene por hobby la cerámica artística y se enamora de un muchacho de barrio, a quien luego asesina y reduce a cenizas en su horno de cerámica. El final, truculento en palabras de Hernández, derivó en que la pieza tuviera dos finales distintos, como opciones para una eventual puesta en escena.

 También, por algunos años, trabajó como periodista en el diario La Prensa. Sin profesar un especial culto a instituciones divinas, escribía en la sección Culto Católico que le permitió alejarse de la vorágine cotidiana de las noticias y primicias vanas.  A comienzos del siglo XXI, en un acto de buen gusto, el sello Adriana Hidalgo reeditó la obra de Hernández. Son tres  tomos: La ciudad de los sueños –incluye sus 32 relatos y la novela que da título al volumen –  Desiderátum –poesía completa y algunas traducciones de poetas como Paul Verlaine, Jean Cassou y Tennessee Williams– y Escritos irreBerentes – ensayos y artículos publicados en la prensa–.

 Dejó una novela sin publicar, Toukouman,  basada en un personaje real, Gabriel Yturri, un joven tucumano que vivió en París hacia el final del siglo XIX. Yturri fue amante de un aristócrata francés, el conde Robert de Montesquiou, que sirvió de modelo para el barón de Charlus, personaje de Marcel Proust en En busca del tiempo perdido.

 “En mi casa no era extraño que hubiera libros – recordó en una reciente entrevista –  para mí una casa sin libros es un espacio insólito. Además, mi tío era escritor y tenía una biblioteca bastante buena. Desde muy chico leí a muchos autores españoles como Pío Baroja, Peréz Galdós, Unamuno. A una familia de clase media como la mía, no le parecía muy bien que yo fuera escritor, tenía más la fantasía de las profesiones liberales. Mi padre quería que estudiara abogacía, yo intenté estudiar para no seguir decepcionándolos, pero no pude... para mí era como si tuviera que formar parte de un rebaño”.

 Con esta actitud honraba, acaso sin saberlo, una obra perdurable.
 
 
                                                                                  Vera
 
  

  Juan José Hernández, 1931-2007 (Hojasbravas)

 

Wednesday, February 2, 2011

Jorge Eduardo Benavides:The Useless Art


On a recent visit to Miami, the Peruvian writer Jorge Eduardo Benavides presented his latest book of short stories, led a creative writing workshop at the Spanish Cultural Center, and took time out to discuss Latin American literature, Montesinos, and the years he spent in Europe. All it took was one book for Eduardo Benavides to install himself in the Latin American literary world.

Set in the 80s, Los años inútiles (The Useless Years) presents a snap shot of politics, love, and the chaos of the human condition in the final days of the disgraced Peruvian president Alan García. Next came El año que rompí contigo (The Year I Broke Up With You). Once again politics and fiction intertwine in serpentine prose that makes Benavides’s literary style, in the final analysis, the only position the Peruvian author takes.

Now La noche de Morgana (Morgana’s Night) is making its presence felt among the titles that inundate book stores. Unconcerned with fashion, the book takes on the trappings of fantasy. Here are “Ulysses de Joyce” (Joyce’s Ulysses), “Cosa de niños” (Childish Thing) and “El ekeko” or the standout “A microfono abierto” (Open Mike).

The writer, who has lived in Spain for the past 15 years, stopped in Miami to present his book and give a weeklong creative writing seminar at the Spanish Cultural Center in Coral Gables like those he offers in Madrid and Tenerife. If he were a rock star, you could say that his workshop was sold out, attracting an eclectic crowd eager to of behind the scenes of each of his works.

So, Benavides quotes a Spanish writer from the beginning of the 20th century to give an example of an efficient metaphor: “she wore a white dress like a sip of milk.” Or he reads a story by Manuel Rivas out loud and, sometimes or, leaving no doubt where the writer’s material comes from, he narrates from memory the beginning of Conversation in the Cathedral and ends at precisely the moment when his students want to know more. As a bonus, there are his comments illuminating each text the aspiring writers offer to read. In a break during class, he chats with meansheerts.


Edmundo Paz Soldan has said that Mario Vargas Llosa and Manuel Puig are the two contemporary Latin American novelists who have had the greatest influence on the new generation. Reading your novels, we can see something of Vargas Llosa. What do you think of Puig?


–I like his work. There is one way in which I think there is something of influence: what love affairs there are in my novels have a touch of the ridiculous and tender that comes from popular romances. I’m interested in the development of characters because pop romances are much more real. If love isn’t over the top, it isn’t love. I believe Puig rescued and recuperated the idea that it’s not necessary to be solemn to tell real, even crude, stories.

Your novels and your stories all treat the last days of the Aprista government, the climate of social and economic instability. Is that because that the last period when you were in Peru?


–Absolutely. My last stint in Peru coincided with a period of turmoil. I went to Tenerife when I was 26. The six years before that was a tense time of participating, understanding, and feeling disillusioned with so much of what was happening in my country. With the novel I’m writing now, I’m finishing a political trilogy. It’s a novel set in the 70s with the same characters as The Useless Years, but in their junior version: the director of a newspaper appears in this novel as an ambitious editor. I think everyone has an era they write about, where they find their ghosts and demons.

I hear that Vladimiro Montesinos, the incarcerated right-hand-man of the also incarcerated Peruvian ex-president Fujimori, appears in this novel.

–Yes, he appears. But it’s a complete fiction. Not everything they say about him is true. I don’t try to recreate him; it’s more free. I was reading a biography about him when I was in Lima recently and he actually seemed like a comic book character, one of the bad guys. He had a house with a secret passage that you enter by lifting up the bath tub that leads to the beach. Montesinos is a character from a novel.

The political novel and the urban novel share an esthetic to a large degree; each relies on a rather melancholic poetic. Had you already decided on those characteristics before writing your novels or did they show up like welcome guests?

–Essentially, I believe that every novel is a discovery, a voyage that the author proposes to the reader. Even though for the author it is more or less impossible to know where he will end up, in practice all of this is revealed little by little, as though the map had been laid out beforehand, whether in notes or simply in the writer’s head. There are slight detours to follow, without too many demands or rules.

Now, in counterpoint to your political novels, Morgana’s Night is fantasy. Was that a date you had waiting?

–I’ve always been a fan of the Latin American literary boom. Those are big and ambitious novels. My personal favorite is Julio Cortazar. Of course, I also like Borges, but I think that he was an erudite author and Cortazar was cultured. He had a very intense relationship with life while Borges was more of an observer. He saw the world from his library. I don’t know much about them, in terms of their lives, but that’s the feeling I get as a reader. For me, Cortazar wrote fantasy. These stories are a tribute to him. These are not stories that take place in alien worlds; they’re here. For me it was hard to take up a different tradition. I enjoy literature in English, sure, but when it comes to making things mine, my understanding of literary reality comes from the Latin American tradition. I didn’t make that choice; that’s just how it is.

Do you think it’s possible to teach how to write literature?

–No, you can’t teach anyone how to write literature. What you can teach is how to simulate this creation but in a very mechanical way. So when you read them, you realize that there are set structures. As different as all the writers we read may be, each one knows the rule of how to write: how to begin a story, how to end, and the language. I think the workshop offers these tools and from there you can go on or not.







                                                                                                                            Vera


Interview Jorge Eduardo Benavides (Meansheets)