Sunday, September 4, 2016

Una copa con Hernán Vera Alvarez

El objetivo es atractivo y desafiante: “embriagar” con una copa de vino al escritor que cada cual lleva dentro, y lograr que se exprese con total libertad. Ese es el propósito de la serie Tómate una copa y escribe mejor, que coordinan la Feria del Libro del Miami Dade College y la librería Books & Books del Arsht Center.
La clave del éxito de esta tertulia depende de la habilidad de su conductor invitado, para motivar (“embriagar” realmente), al público asistente. En la tertulia de este mes, Baco será el escritor argentino Hernán Vera Álvarez (Buenos Aires, 1977), quien a partir del tema: Escritura del Yo: cuando tu vida se vuelve una ficción verdadera, intentará arrancar “las historias que uno lleva a cuestas y que a veces por muchos motivos no puede sacar”, señala el escritor, para luego añadir: “si en las dos horas que dura el taller interactivo logro que los asistentes hagan realidad su sueño, entonces, todo será un éxito”.
Vera Álvarez es un escritor irreverente y moderno; lúcido en su visión de lo que considera su realidad y un narrador con garra. Sus libros Una extraña felicidad (llamada América), ¡La gente no puede vivir sin problemas! y la colección de relatos Gran nocturno, que ya va por dos ediciones, muestran a un hombre que vive la vida como una gran aventura, donde el torbellino de las situaciones extremas lo llena de vitalidad.
Para conducir Tómate una Copa, recurrirá al mecanismo de hacer que el público explore episodios personales, experiencias de vida en su país de origen y en Estados Unidos, hasta alcanzar un genuino desbordamiento de las emociones y las ideas. Cada participante tendrá varias sesiones de 10 minutos para escribir su narración, compartirla con el resto de los asistentes e intercambiar criterios con el conductor. El resultado de lo logrado, lo evalúa el propio participante.
En Miami no hay una tradición de talleres literarios, por lo que esta iniciativa de la Feria es realmente inspiradora y estimulante para muchos, que ven la oportunidad de compartir sus inquietudes en grupo y en presencia de un escritor profesional, incluso de varios escritores, pues a la tertulia suelen acudir escritores como público.
Para Hernán Vera Álvarez, la “escritura del yo”, es muy importante. “A partir de la autoficción, conocida también como la escritura del yo, se nos brindan las herramientas con las que, a partir de los elementos de la vida, elaborar un cuento o un poema, teniendo esas vivencias como rompimiento”. Ese desdoblamiento del yo interior recurre esencialmente a recuerdos para desarrollar una historia. En esencia, la literatura se nutre mucho del pasado, con el fin de lograr textos que pueden ser biografías, testimonios, o crear ficción a partir de experiencias personales o escuchadas.
Durante el encuentro, Vera Álvarez pondrá como ejemplo a autores que considera fundamentales en ese yo creativo, como Jorge Luis Borges, Héctor Bianciotti, Joe Brainard, Roberto Bolaño y Fernando Vallejo. Escritores que de alguna manera hicieron de sus vidas una ficción verdadera. “El verdadero escritor habla de su vida, pero usando los recursos estilísticos de la ficción”, apunta. El conductor del taller está convencido que “es importante bucear continuamente en la vida de uno mismo”.
El escritor argentino, que reside en Miami desde 2000, señala que Miami es una ciudad muy rica en historias creativas que están dando vueltas en la gente, que muchas veces tiene el deseo de narrarlas, pero les falta el impulso. “Yo trataré de estimular esos deseos y aspiro a que lo hagan desde bien adentro. Es desde ahí que surgen los mejores resultados”.
La serie Tómate una Copa, ya tiene una larga trayectoria. Destacados escritores como Anjanette Delgado, Juan Carlos Valls, Pedro Medina León y José Fernández Pequeño, entre otros, lo han conducido. Todos, mediante diálogos, lecturas y ejercicios, consiguen que los asistentes logren soltar su mano, su imaginación y su yo interior, para tejer en unos minutos un texto que luego comparten con los otros asistentes. Es, sin duda, una experiencia muy edificante y útil para los escritores noveles.
Verá Álvarez, que dictará este curso por primera vez, suele contrastar con frecuencia su Buenos Aires natal con su ciudad de adopción, Miami. “Vivo en Miami porque es una ciudad muy distinta a Buenos Aires; yo vengo de una ciudad con cines, teatros, muchas librerías, en la que las mujeres cuando tienen un problema van al psicoanalista, mientras que en Miami van de shopping”. Luego agrega que le apasiona Miami por sobre otros lugares en Estados Unidos, porque: “aquí rige la cultura latina, y eso la hace muy interesante. Pocas ciudades te dan la oportunidad de enfrentarse en un escenario tan diverso”.
La serie Tómate una Copa es coordinada por Books & Books, la Feria Internacional del Libro de Miami, y para esta presentación se cuenta también con el patrocinio de la revista y sello editorial Suburbano.

                                                                        

Entrevista de Luis de la Paz, El Nuevo Herald


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Tuesday, July 12, 2016

La novela del chavismo



“¿En qué momento se había jodido el Perú?”, se pregunta Santiago Zavala en Conversación en La Catedral, la novela de Mario Vargas Llosa, y no encuentra, no puede hallar respuesta. Sabe íntimamente que la solución a ese enigma toca cuestiones muy dolorosas. Si el comienzo del libro del Nobel de Literatura es memorable, sin duda, es porque esa pregunta le cabe a cualquier país de América Latina.

Alberto Barrera Tyszka (Caracas, 1960) escribió en Patria o muerte un retrato de la Venezuela en tiempos de Hugo Chávez, cuando la enfermedad del mandatario hacía metástasis en la sociedad para dividirla ciegamente. Con este trabajo, el autor, que también es guionista de televisión, poeta y cronista, ganó el Premio Tusquets Editores de Novela 2015.

Barrera Tyszka es autor de las novelas También el corazón es un descuido, La enfermedad (Premio Herralde, 2006) y Rating, como de los libros de cuentos Edición de lujo, Perros y Crímenes.


En el siglo XXI el “Patria o Muerte” que la izquierda proclamaba décadas atrás suena bastante irónico. ¿En Venezuela el título de su novela se entendió del mismo modo?

Creo que la consigna tiene para nosotros otro significado, otra dimensión. Quizás con una dimensión más paradójica. Chávez si se tomó en serio la consigna. Sí se propuso resucitar e implementar el modelo de la revolución cubana, sin matices, como si el tiempo no hubiera pasado. Como digo en la novela, Chávez trató de convertir a Venezuela en un parque temático que recreaba la izquierda de los sesenta. Fue como un niño millonario, con mucho petróleo, que de pronto decide jugar a la revolución. Puede sonar divertido, pero sus consecuencias son trágicas.

¿Qué repercusiones tuvo la novela entre los simpatizantes chavistas?

Es difícil saberlo. Para la cultura oficial, la novela no existe, nunca se ha escrito. El chavismo es muy sensible ante la figura del “Comandante eterno”. Cualquier cosa que lo humanice, que lo vuelva mortal, que lo cuestione un poco, puede ser de inmediato considerada una ofensa, una herejía.

¿Si el barril de petróleo hubiera seguido a más de cien dólares, hoy el gobierno de Maduro tendría una gran aceptación en la sociedad?

Yo creo que le estaría yendo mejor. Pero igual le pasó a Chávez. El gobierno llevaba años resolviendo su ineficiencia con dólares. El chavismo es un modelo especializado en gastar y derrochar riquezas, pero incapaz de producirlas. Y ahora estamos viviendo sus consecuencias. Es, por cierto, un típico ciclo de nuestra historia como Estado petrolero. Nuevamente. Con un barril a más de 100, cualquier populismo puede tener un éxito aparente. A Maduro le ha tocado la parte peor del asunto: debe administrar el fracaso de Chávez, sin poder echarle la culpa.

En el 2001 la Argentina pasaba una de las mayores crisis de su historia. El escritor Tomás Eloy Mártinez reflexionó sobre el tema y aseguró que el problema no era tanto económico sino moral. En el caso de Venezuela, ¿la crisis es sólo economica?

No, por supuesto que no. Es una crisis a todo nivel. Es una crisis cultural profunda. Que tiene, además, que ver con nuestra propia identidad, con los valores que tenemos como país. No sabemos si ahora todos estamos de acuerdo y entendemos de la mismas forma la libertad, la justicia, el trabajo, los derechos y deberes, el Estado, las instituciones, el ejército…Hay que construir un nuevo pensamiento común alrededor de todos esos temas. Ese también es un desafío para nuestro futuro.


Escribió junto con la periodista Cristina Marcano la biografía “Hugo Chávez sin uniforme. Una historia personal”. Después de ese trabajo, ¿cambió en algo la visión que tenía de Chávez?

Creo que nos sirvió para conocer más al personaje, desde varios puntos de vista, desde muy diversas miradas. Siempre entrevistamos a gente que lo conocía directamente, que había vivido o compartido experiencias con él. Y creo que algo que nos sorprendió fue descubrir que Chávez no era un improvisado. Todo lo contrario. Era un hombre que planificaba incluso su espontaneidad. Era muy calculador. Y también era muy persistente. Sabía pensar a largo plazo, cosa poco común en algunos sectores políticos venezolanos.

                                                                         Vera

Entrevista Alberto Barrera Tyszka El Nuevo Herald



Friday, May 20, 2016

Arturo Pérez Reverte: "Vienen tiempos difíciles"




El sábado a la tarde llovía, lo que en Miami es suficiente para que la gente prefiera quedarse en la comodidad de su casa y ver una serie de televisión. Sin embargo la librería Books and Books de Coral Gables estaba repleta de lectores. ¿Motivo? El escritor y periodista español Arturo Pérez-Reverte, un best seller dentro y fuera de su país, presentaba What We Become (Atria Books), la versión en inglés de El tango de la Guardia Vieja (Penguin Random House).

La novela, que es la décimocuarta del autor, tiene como protagonistas a Max Costa y Mecha Inzunza –él un ladrón y bailarín de tango; ella una dama hermosa y de la alta sociedad–, que a lo largo de 40 años del convulsionado siglo XX viven una historia de amor tan pasional como trágica. Como fondo de esta historia que no olvida la aventura, un elemento que siempre acompaña la narrativa del español, aparecen el tango, las ciudades de Buenos Aires y Niza, la Guerra Civil Española y los años de la Guerra fría.

Pérez-Reverte es conocido por el público más joven como el autor de la saga Las aventuras del capitán Alatriste, un verdadero éxito de ventas. Novelas como El maestro de esgrima, La tabla de Flandes y El club Dumas fueron llevadas al cine. Es miembro de la Real Academia Española y ejerció como reportero de guerra durante 21 años.


¿Tardó más de 20 años en escribir esta novela?

Hay novela rápidas y novelas cortas. Y ésta fue larga. La empecé a escribir hace más de veinte años y a las pocas páginas me di cuenta que no estaba funcionando, y la dejé dormir. Entendí que era demasiado pronto para esta novela: necesitaba más vida, más edad, más experiencias, más canas en la barba y arrugas en la cara. Llegó ese momento y la escribí.

El tango de la Guardia Vieja tiene un cierto clima de film noir. ¿Quiso darle algo de ese espíritu a la novela?

No exactamente. La historia habla sobre una Europa que ya no existe. Una Europa que poco a poco fue desapareciendo. Esa Europa yo la recuerdo en blanco y negro. No son deliberados estos recuerdos, ni mi sensación ni mi infancia, lo que me contaba mi abuelo ni las fotografías en casa de mis padres. Las fotos de bodas de ellos. Mi madre era una mujer muy elegante, bailaba muy bien. Todo eso lo recuerdo en blanco y negro. A la hora de recrear la historia no he podido evitar que ese blanco y negro esté presente de una manera estética en toda la novela.

La historia está situada en diferentes ciudades y también hay hechos históricos. ¿Se documentó?

Hay escritores cazadores y escritores recolectores. El recolector es aquel que está en un territorio del que no se mueve más que con la imaginación; el cazador es aquel que sale fuera a la vida a moverse, que va cazando: viaja, ve, vive. Yo soy ese tipo de escritor. Fue reportero muchos años y pasé la vida afuera. Para mis novelas yo viajo a esos lugares, me documento, hablo con la gente. Saco fotografías, tomo notas, leo libros, voy a los hoteles. Cada lugar que sale en mis novelas yo he estado en él. Esa parte de realidad es la que llevo siempre a las novelas.

En El tango de la Guardia Vieja hay una historia de amor muy fuerte. ¿Cómo se hace para trabajar ese sentimiento y no caer en lo cursi?

Es que yo no soy cursi. No podría caer en lo cursi. Solamente un escritor cursi cae en lo cursi, pero la vida que yo llevé fue muy ruda en una época muy dura en mis veinte años de reportero. He vivido, he leído, y tengo una biografía compleja, pero no hay nada cursi en esa biografía. Incluso mis recuerdos de amor en mi vida no son nada cursis. El amor solamente es cursi cuando quienes lo practican son cursis. Pero cuando son personas con una biografía diferente el amor corresponde con la vida del que lo siente. Aparte soy un escritor profesional, sé evitar los peligros, o lo intento. No es una novela sentimental. El amor tiene una parte importante, pero no es una novela de amor. Es una de aventuras.

El protagonista es bailarín de tango. ¿Usted sabe bailarlo?

Sí. Y mi padre nació en una época en la que era fundamental saber bailar tango para conocer chicas guapas. De hecho conoció a mi madre en un baile de tango. El tango ha estado siempre en mi familia como una especie de mito, de referencia, de broma familiar. El tango como parte de la vida. El tango como único acto sexual que puede hacerse vestido y de pie. Eso ha estado muy presente en mi vida desde niño. Escuchaba cantar tango a mi padre cuando era joven, lo vi bailar tango. Mi padre era un hombre muy elegante al que utilizo como modelo para el protagonista de la novela. Me ha sido entonces muy fácil utilizar el tango como elemento en la historia.

La última novela del capitán Alatriste es “El puente de los asesinos” (2011). ¿Hay proyectos para que regrese?

Alatriste es un compañero al que le tengo mucho afecto. Me ha ayudado a explicar y entender muchas cosas de España y lo hispano, eso incluye a América. Lo que pasa es que ya hay siete novelas. Voy a seguir, pero decidí dejarlo descansar un poco, hacer otras cosas y luego volver. Ha llegado a ser un personaje tan familiar para los lectores que ellos ya me exigen cosas de Alatriste que soy incapaz de dar. Por eso me siento muy responsable de él.

¿Le gustó la adaptación televisiva de La reina del sur?

Me gustó. Era una novela pura para adaptar al público de telenovelas. Ahora se está haciendo una segunda versión en inglés. Estoy muy contento con esa historia porque es un trabajo que trascendió la novela. Y ahora la gente cree que existió de verdad. Uno va a México y hablan de Teresa Mendoza como si hubiera existido. Los narcos la leen. El Chapo Guzmán estaba viéndola cuando lo detuvieron.

Con respecto al tema del narcotráfico, ¿cree que una de las soluciones sería la legalización de las drogas?

Es más complejo. Me inclino por la legalización, pero una controlada. Es decir, no libertad de narcotráfico y de narcóticos. Hay drogas muy peligrosas, hay partes del narcotráfico que son peligrosas y otras que no lo son tanto. Habría que negociar una solución satisfactoria. Sin duda, una mayor dosis de realidad a la hora de legislar sobre el narcotráfico permitiría eliminar algunos elementos muy críticos y muy peligrosos del negocio de las drogas.

¿A veces no tiene ganas de volver al frente de batalla?

No, es un trabajo para jóvenes. Ahora tengo 64 años y ya la vida que llevé me pasa factura. Pero cuando era joven fui muy feliz como reportero porque viví en muchos países, en muchas guerras, muchas aventuras. Y sobre todo, mi trabajo me dio una mirada, una forma de mirar el mundo. Una experiencia vital, esa biografía con la que ahora escribo novelas. Soy lo que soy ahora porque fui lo que fui de joven. Fue una vida intensa que recuerdo con mucho afecto pero ya no tengo ni edad, ni salud ni ánimo para vivir esa vida tan dura.

¿Es optimista con la situación en España?

Soy pesimista con respecto a Europa no sólo con España. Creo que hay un modelo de Europa, como referente moral del mundo, de Derechos Humanos y de libertades, esa Europa moderna y que iluminó el mundo incluido a América, hoy esa Europa está en decadencia. Vienen tiempos oscuros. Ya ha pasado la etapa. Es un continente viejo, con pocas posibilidades de ser lo que fue y creo que la fuerza está en otros lugares. Europa es un museo de la libertad y el derecho humano, de los derechos del hombre. Está quedando cada vez más atrás en el tiempo. Es un momento triste. En Europa están apagando la luz.

                                           Vera

           

            Entrevista Arturo Pérez Reverte, El Nuevo Herald


    

         

Saturday, March 5, 2016

Bianciotti, el cordobés de París



Hace poco leía un artículo de Patricio Pron sobre esa costumbre enraizada en la cultura argentina de expulsar autores hacia otros países donde continúan su obra, muchas veces en otro idioma –por lo general en francés. El escritor de La vida interior de las plantas de interior enumeraba algunos artistas como Juan Rodolfo Wilcock, Copi, María Cecilia Barbetta y Héctor Bianciotti. Sobre el autor nacido en Córdoba en 1930 y fallecido en París en el 2012, agregaba “se piense de este último lo que se piense”. Esa frase hizo ruido en mi cabeza. ¿Qué es lo que se piensa de Bianciotti? ¿Qué es lo que yo pienso de este autor que tras vivir más de veinte años en Francia decidió, luego recibir la ciudadanía de ese país, escribir sólo en francés?

Héctor Bianciotti es una figura incómoda en la literatura argentina, y me atrevería a extender esa sensación hacia la latinoamericana. Salvo el librito de poemas Salmo en las calles, el resto de su obra la publicó primero en el extranjero. Bianciotti escribía en un español afectado, con la pesada (y temeraria) influencia de Marcel Proust. Hay máximas y análisis minuciosos de los sentimientos, una voluntad por practicar la novela psicológica. Algunas de sus historias pasan en mansiones europeas o norteamericanas, como en la pampa argentina. Poco en su literatura tiene un color local que se pueda adherir a los autores del Boom. No hay ideología de izquierda. Es un escritor solitario que desde París construyó una obra mientras se metía en el círculo influyente del aparato cultural francés, en trabajos como lector para la editorial Gallimard y crítico literario en las revistas La Quinzaine Littéraire, Le Nouvel Observateur y el periódico Le Monde.

En los años de ebullición editorial que dio el Boom y la onda expansiva que llegó a los '70 arrastrando a autores menores, Bianciotti ganó el premio Médicis a la novela extranjera por La busca del jardín, pero ese hecho tampoco consiguió colocarlo en el radar de las publicaciones ni universidades de América Latina. Con su primera novela escrita en francés, Sans la miséricorde du Christ (Sin la misericordia de Cristo), consiguió el Premio Femina 1985.

Hay algo que siempre molestó de Bianciotti en los círculos literarios argentinos. En cada oportunidad que tuvo, no dudó en declarar el carácter provinciano de la literatura del Río de la Plata. Salvo Borges, Silvina Ocampo, Silvia Baron Supervielle, Juan Rodolfo Wilcock y uno que otro autor, Argentina estaba enclavada en la barbarie y en una historia breve y violenta. Para el escritor cordobés, Europa y más puntualmente Francia, era el sinónimo de la civilización. Sus abuelos piamonteses habían emigrado a “la América” por un futuro menos difícil, pero una vez instalados en la pampa argentina, sólo habían cosechado una vida minúscula, que se mimetizó con la chatura del paraje salvaje. Con su viaje a Europa, Bianciotti encausaba ese destino que había ido en un momento en zig zag. Bianciotti regresaba a casa.

Una tarde de 1955 en Plaza San Martín, de la ciudad de Buenos Aires, el escritor se topó con Wilcock –otro que en su nueva vida en Italia abandonaría definitivamente el español por la lengua de su país adoptivo. Al verlo, el autor de La sinagoga de los iconoclastas le disparó: “Si no te vas de este país ahora, estás perdido para siempre. Hay un barco que parte para Italia, no es caro, dentro de veinticinco días. Tus amigos pueden organizar un espectáculo y reunir el dinero del pasaje. Yo me voy en él”.

Ningún encuentro es casual. Con el tiempo entendemos bien que había un motivo. Las palabras de Wilcock detonaron las ganas íntimas de ese joven de veinticinco años de alejarse de la Argentina: su estadía en Buenos Aires, donde trabajó ocasionalmente como actor y modelo, y padeció la persecución policial por ser homosexual, fue la última prueba que el país no era para él. A los pocos días encontró a Wilcock en la cubierta del barco que leía plácidamente The Old Man and the Sea en una edición de la revista Esquire.

Los años en Argentina como los posteriores en Europa, primero en Italia, donde trabajó en una inmobiliaria y en la radio –un compañero celoso lo delató ante las autoridades por no tener papeles–, luego su breve estadía en la España de Franco en la que actuó como extra en algunos films, para recaer finalmente en París, se cuentan detalladamente en los tres volúmenes de su autobiografía –o autoficción, como Bianciotti prefería decir–: Ce que la nuit raconte au jour (Lo que la noche le cuenta al día), Le Pas si lent de l’amour (El paso tan lento del amor) y Comme la trace de l’oiseau dans l’air (Como la huella del pájaro en el aire).

Si en sus novelas no descubrí mayores momentos interesantes, al leer estos tres libros –traducidos con delicadeza por Ernesto Schoo–, en cambio, encontré una alianza entre la belleza que debe tener toda obra y el espíritu de dejar constancia de una experiencia. A través de la escritura, Bianciotti se confiesa y a la vez reflexiona sobre el hambre que padeció en sus primeros años en Europa, sobre los encuentros con otros autores que moldearan su vida –Borges, Angelo Rinaldi–, la miserias humanas, la voluntad por ser aquello que aspiraron sus sueños en Argentina: un artista.

La historia la escribe desde un momento de felicidad. Hacía un par de años era miembro de la Academia Francesa de Letras, distinción que pocos extranjeros han tenido. Fundada en 1635 por el cardenal Richelieu durante el reinado de Luis XIII, lo que la hace una de las instituciones más antiguas de Europa, los miembros –que se autoproclaman modestamente “inmortales”– siguen de cerca la evolución del idioma y actualizan el diccionario...

Aún instalado por completo en la vida cultural francesa, Bianciotti fue un hombre generoso con muchos jóvenes argentinos. Leopoldo Brizuela alguna vez le escribió con la esperanza de que su novela Tejiendo agua se publicara en Gallimard. El autor no pudo hacerlo, pero la recomendó a Tusquets donde sí la editaron. Otro joven, Eduardo Berti, admirador de su obra, le mandó su libro de cuentos Los pájaros y una novela inédita, Agua, que Bianciotti le dio la bienvenida con un blurb que salió en la edición argentina: “He descubierto, en mi larga vida de lector de manuscritos en editoriales, siete escritores. Eduardo Berti ha sido el séptimo”. Al poco tiempo el autor decidió mudarse a París y Bianciotti lo ayudó, algo que también había hecho en los años '70 con Alicia Dujovne Ortiz. En Francia apoyó la carrera de Jean-Baptiste Niel y Hervé Guibert, ambos muertos muy jóvenes por el SIDA.

Bianciotti falleció a los 82 años, luego de padecer durante bastante tiempo una extraña enfermedad que atacaba la memoria. Las noticias que llegaron a la Argentina señalaban la soledad y pobreza de sus últimos meses, que recordaba algunas muertes de poetas malditos en el París decimonónico. De Wikipedia ese dato fue borrado. Cada vez que viajaba a París, Berti lo visitaba. En el obituario de quien consideró un amigo generoso escribió que las enfermeras que lo cuidaban en el asilo de ancianos trataban a Bianciotti como a un príncipe venido de otro mundo. A veces le servían una copa de champagne mientras escuchaba a Maria Callas.

                                                                                                                          
                                                                                                                  Vera


Perfil Héctor Bianciotti, Suburbano.net

Tuesday, March 1, 2016

“El exilio cubano es una monstruosidad”



A Néstor Díaz de Villegas (Cumanayagua, Cuba, 1956) le gusta meter el dedo en la llaga. Aquí “llaga” es un eufemismo de otra palabrita velada para un periódico... Pero no hay que confundir: el escritor no es otro polemista profesional, su discurso tiene un filoso sostén artístico. El estrangulador de Flagler Street, Cuna del pintor desconocido, Por el camino de Sade –por sólo nombrar algunas–, son obras bellas y desesperadas, de un lirismo dilatado que cita a la pintura, la filosofía, los barrios marginales. Su nuevo libro de ensayos, Cubano, demasiado cubano (Bokeh), es otra prueba de su universo creativo.

Néstor Díaz de Villegas también es un sobreviviente. Primero del castrismo, que lo desechó cuatro años en la prisión de Ariza por haber escrito un poema “contrarrevolucionario”. Por último de sí mismo. Alguna vez caminó por las calles de un Miami pretérito junto a Reinaldo Arenas, Pedro Jesús Campos, Guillermo Rosales, entre otros escritores que en tierra extranjera profundizaron un literatura rabiosa.


Cubano, demasiado cubano. ¿Un mantra, un orgullo, una resignación, destino, elección, o qué?

“Cubano, demasiado cubano” se ocupa de un problema moral no muy distinto al examinado por Nietzsche en “Humano, demasiado humano”, de ahí el título. Un dilema, una resignación o un mantra, si prefieres usar esos términos para describir mi libro, da lo mismo. En cuanto al destino, Heidegger dijo que la poesía tiene capacidad de “destinar”, de manera que también me siento responsable del destino de Cuba, de alguna manera.

“Batista explicado a los niños” señala que su gobierno, de hace más de medio siglo atrás, para muchos es el punto de referencia de lo que es la modernidad y el momento de esplendor de la sociedad cubana. Paradójicamente, el exilio suele mirar el proyecto futuro de Cuba como país en un pasado prehistórico. ¿Cómo saldría un pueblo de ese conflicto?

Regresando a ese pasado prehistórico. Para los cubanos la referencia obligada será siempre el batistato, que es el momento en que alcanzamos el punto que Francis Fukuyama llama “el fin de la Historia”, es decir, un estado ideal de bienaventuranza, un límite. El batistato fue una dictadura, pero una dictadura mucho más libre, inocente y productiva que la actual, por lo que continúa siendo una posibilidad. Fue el gobierno de un negro liberal mucho antes que el de Barack Obama, entre otras cosas. El arquitecto Rafael Fornés afirma que las llamadas “reformas” raulistas no son más que una tímida vuelta al batistato.


En el ensayo “Reinaldo, el Apóstol”, se lee “Cárceles, canteras, barcos, viajes, destierros y Ofelias ahogadas en arroyos prerrafaelistas, muertas por amor”. Parecería que también hablara de usted.

A veces los personajes que escojo para la crítica, sean actores, políticos o escritores, son un pretexto para la autorreflexión. Mi libro sería, entonces, un espejo de circo. Belkis Cuza Malé me dijo alguna vez que yo canalizaba a José Martí, y Enrique del Risco cree que soy la segunda venida del Apóstol, con todos sus caprichos estilísticos y patrióticos.

Muchos textos apuntan filosamente a ciertas “vacas sagradas” de la literatura cubana. En un ensayo escribe: “Leonardo Padura, el empresario cultural, tiene puestos los ojos en la industria del cine”. ¿Es consciente de la polémica que despierta?

Mis enemigos me acusan de panfletero, pero creo que en el fondo sienten curiosidad por las posibilidades filosóficas de mis panfletos. Digo que el cine ha sido siempre la manera de prostituirse para un escritor. Tal vez el éxito editorial de Leonardo Padura es un equívoco y su lugar debería ocuparlo un Antonio José Ponte. Pero Ponte es un escritor complejo y las masas iberoamericanas exigen una dosis de trivialidad narrativa que Padura produce con gran convicción.

Uno de los temas al que le dedica varios ensayos es a Miami, una ciudad en la que vivió muchos años. ¿Cómo la ve hoy?

Miami es hoy una ciudad muy distinta a la que conocí, y creo que el Miami de mi época fue un lugar más avanzado espiritualmente, el momento en que la Playa era un gueto jasídico lleno de hoteles decadentes y Coconut Grove un barrio de artistas. Coral Gables fue, créalo o no, una ciudad humana, encantadoramente mínima. Miami es asfixiante, caótico y un poco obsoleto, su momento de esplendor pasó. El exilio cubano es una monstruosidad y creó una ciudad monstruosa.

¿Qué vínculos hay entre “Cubano, demasiado cubano” y su obra poética?

En mis ensayos tiendo a abusar del lirismo, por lo que suele decirse que escribo en prosa púrpura o manierista. Mi poesía quiso ser romántica, o al menos modernista, siguiendo a Rubén Darío y a López Velarde. Debe haber un punto de contacto en alguna parte.

Severo Sarduy ha sido un referente en su literatura. Sé que en algún momento hubo entre los dos un intercambio epistolar. ¿Puede contar sobre esa comunicación?

Nos cruzamos dos cartas, en francés, creo que las suyas fueron escritas por su secretaria. Sarduy es un autor muy influyente, todavía lo leo con asombro. Me atrae sobre todo como esteta, como sonetista barroco. Hace años me marcó su poema Big Bang.


                                                                      Vera




Entrevista Néstor Díaz de Villegas, el Nuevo Herald