Wednesday, January 11, 2012

Edmundo Paz Soldán, entre vivos y muertos


“¿Por qué?”

La pregunta, tan complejamente sencilla como un proverbio Zen, salió como un balbuceo triste de la boca del viejo sheriff Ed Tom Bell al leer las noticias policiales en un bar de West Texas, en el film No country for old men. Ese mismo interrogante se hizo Edmundo Paz Soldán cuando cayó en sus manos un dossier con recortes periodísticos sobre una serie de muertes en Dryden, un pueblo a veinte minutos de Ithaca, la ciudad donde vive, en el estado de Nueva York.

“Me quedé impactado, sobre todo porque la mayoría de los que habían muerto eran adolescentes en el último año del colegio”, se lee en la nota que sirve de epílogo a su novela más reciente: Los vivos y los muertos. “Durante un tiempo, la cercanía de Dryden me hizo pensar seriamente en animarme a escribir un libro de investigación periodística sobre el tema; sin embargo, una tarde de 2004, cuando vivía en Sevilla, comencé a escuchar voces. Eran las voces de los adolescentes. De pronto, me di cuenta que, sin escribir una sola línea, sin siquiera haberlo planeado, tenía ya la estructura narrativa de una novela. De modo que decidí escuchar esas voces y ver a dónde me llevaban”.

Y las voces lo llevaron por un camino filoso: un thriller.

Los personajes de Los vivos y los muertos viven entre el miedo y la ingenuidad. A diferencia de sus anteriores novelas, Palacio Quemado (2006) y El Delirio de Turing (2003), caracterizadas por tener a Bolivia como escenario –a aquella Bolivia indígena, digna y revoltosa–, esta vez Paz Soldán, quien actualmente es profesor de Literatura Latinoamericana en la Universidad de Cornell, describió un mundo de una cotidianidad sin fe, sobrecargado de marcas de ropa, comida chatarra, malls. Así, su thriller también reflexiona sobre los frágiles mecanismos que ponen en movimiento a la sociedad norteamericana.

Esa misma desde la que escribe –y a la que quizás también describe– hoy, en español.


A diferencia de tus novelas anteriores, esta se sucede en Estados Unidos, país en el que vives desde hace años. ¿Por qué ahora y no antes?

–Necesito que transcurran varios años para que las experiencias se sedimenten y yo gane en perspectiva. Que hayan pasado veinte años para que yo me haya animado a ambientar toda una novela en Estados Unidos ha sido, digamos, un proceso natural.

Cada vez hay más autores hispanos –o de origen hispano– que viven y escriben en Estados Unidos: Daniel Alarcón y Junot Díaz, por ejemplo (de origen peruano y dominicano, respectivamente, ambos escriben en inglés). ¿Piensas que de algún modo ciertos estereotipos están cambiando?

–Cambian los estereotipos, se forman nuevos estereotipos. Lo ideal es que algún día se acepte que la literatura latina en los Estados Unidos también se escribe en español.

Este año se han editado varias antologías de nuevos narradores latinoamericanos en Estados Unidos. ¿Leíste algunas?

–La de Zoetrope (revista fundada por Francis Ford Coppola en 1997, que el año pasado ganó el National Magazine Award), editada por Daniel Alarcón y Diego Trelles.

¿Qué rasgo principal encuentras entre estos narradores –en esta antología figuraron, por ejemplo, Ronaldo Menéndez (Cuba), Patricio Pron (Argentina), Rodrigo Hasbún (Bolivia), Alejandro Zambra (Chile) y Verónica Stigger (Brasil)– a diferencia de otras generaciones de escritores?

–Mucho eclecticismo, mucha calidad. No siento que haya una ruptura con la generación anterior, digamos, con la mía. Siento, sí, que se profundizan ciertas tendencias, que se explora cada vez más la intimidad…

Hablando de generaciones, ¿cómo se explica que un autor canonizado como Gabriel García Márquez siga vendiendo tantos libros y que su influencia, a la vez, sea casi nula en las nuevas generaciones?

–Creo que hubo una sobresaturación de su influencia en los años ochenta. Con el tiempo, creo, todo volverá a una medida más justa de su influencia.

¿Qué obras escritas luego del “boom” merecerían entrar en el canon latinoamericano?

–Roberto Bolaño y Ricardo Piglia son los autores centrales de un nuevo canon.

¿Cuáles serían las razones por las que un autor como Bolaño ha despertado tanto interés en los Estados Unidos?

–En primer lugar, la calidad enorme de su obra. Dos de sus novelas han estado en la lista de las diez mejores del año según el New York Times. En segundo lugar, el personaje: para la crítica norteamericana, Bolaño es una suerte de Kerouac latinoamericano, un beat a trasmano. Y Kerouac, claro, es uno de los escritores más carismáticos de la literatura de los Estados Unidos. Bolaño sobrevive a la comparación, eso lo hace fascinante.
 
Adolfo Bioy Casares les llamaba “inexplicables” a aquellos autores que gozaban del prestigio que sus obras no tenían, y daba como ejemplo a Boris Vian o a Horacio Quiroga. ¿Cuáles son los “inexplicables” de Edmundo Paz Soldán?

–Yo tengo “inexplicables” al revés: los autores que no gozan de un prestigio que en verdad sus obras tienen. Pienso en el ecuatoriano Pablo Palacio, en el boliviano Jaime Sáenz.

Hablemos de política. Estados Unidos es un país de inmigrantes; sin embargo, por las últimas leyes y por la –otra vez pospuesta– Reforma Inmigratoria parecería que eso no importara. ¿Por qué esta paradoja?

–Porque Estados Unidos nunca tuvo una inmigración como la hispana, de tanta gente dispuesta a no perder su lenguaje, su cultura. Anteriormente, los que venían a este país dejaban de lado ciertos aspectos de su cultura en pos de integrarse con mayor facilidad en una nueva sociedad. Eso asusta a los conservadores.

¿Hay algún aspecto reciente de la política en América Latina que te parezca interesante?

–El auge neopopulista, la aparición de líderes indígenas como Evo…

Sin hacer futurología, ¿cómo ves la Bolivia post Evo Morales?

–Bolivia está en medio de una revolución. Va a haber una gran transformación de las relaciones sociales. Paradójicamente, la inclusión social a la que apuntan los cambios de Evo producirá una mayor división a nivel regional. Una fractura que necesitará líderes con mucha visión.
 
 
 
                                                                                                         Vera

    
Entrevista Edmundo Paz Soldan (Level Magazine)

Thursday, December 29, 2011

The Sorcerer’s Apprentice

 
 
Even with the slight journalistic pretense of portraying the bohemia of Havana in the 20s, Aprendices de Brujo is an adventure novel that could easily be adapted into a comic book. The tension of extraordinary events, the protagonists somewhat ingenuous insights, and the sought-after Italian diva Eleonora Duse, lost in the mirage of her own legend, all leads to high doses of vertigo and deception.

The novel is a strange laboratory that manages to give a mythic character to the voyages of the main characters, two young Colombians, bourgeois and in love. Switching off chapter after chapter, their two voices tell the 465-page tale at a bracing pace.

Author of numerous children’s stories and of the grown up novels Striptease and Dear Dracula, Cuban writer Antonio Orlando Rodríguez, has written a story where a poetics of the impossible outweighs any literary artifice.




                                                                      Vera



Review Aprendices de Brujo, Antonio Orlando Rodríguez (Meansheets)

Thursday, December 8, 2011

Alejandras


 
 
Sobresalir con su propio mito cuando todas las luces de la cultura de un país caen sobre una figura, es difícil. Para los argentinos sólo hay una mujer: Evita Perón, nuestra  Santa Evita. Su imagen lo abarca todo, o casi.  Relegada a la más humilde y sombría de la efigies, entonces, es que el mito Alejandra Pizarnik se expone ante nosotros. El ámbito  al que ha sido confinada es el de las letras, una mitología que no es menor en el Río de la Plata.
He visto muchas “Alejandras” en mi vida. Las veía en mi primera juventud por calle Corrientes, por sus madrugadas y sus librerías twenty four hours deambular con su tristeza a cuestas; por los pasillos de la Universidad Pública  cargando el peso del mundo que les molestaba, aunque sabían muy bien cómo lidiar con él.  Esas Alejandras parecían haber estudiado a la perfección – traducido– aquello que la otra Alejandra, la hermana mayor alguna vez dijo: escribir para darle un significado al sufrimiento.
 
Aun cuando esas  adolescentes eran el reflejo de las obsesiones de su admirada, en el papel ese eco era otra cosa: se perdía en una intemperie ineludible. Era como si toda la voluntad puesta en cada movimiento se viera torpe a la hora de escribir.  En verdad, ellas no hacían más que intelectualizar el dolor de Alejandra.
 
Caer en la trampa es fácil: su poesía está hecha de palabras simples. Es su intensidad, sin embargo, la ingenuidad y  perversión  –infantil– que Pizarnik  utilizó  como  vehículo para crear meticulosamente una obra.
Después de tanto tiempo esas Alejandras no pueden, no harían, aquello que sintetizó la otra, una noche del  25 de septiembre de 1972, en una nota dejada a un lado de su cuerpo: "No quiero ir nada más que hasta el fondo."
 
                                                                                                                                                      Vera

 

 Texto leído en Terraza 7, Gleane Street, Elmhurst, NY

 

Tuesday, October 18, 2011

El crimen paga (sometimes)





Pablo De Santis, escritor de inolvidables argumentos fantásticos, guionista de comics y lúcido ensayista de este arte, en pocas líneas consigue delatar su ADN: “Hija del siglo XX, hermana pobre del cine, la historieta se fue alejando de sus vínculos con la ilustración y aún con la literatura, para avanzar en sus lazos con las aventuras filmadas. Del cine recibió técnicas, modos de narrar; le cedió, a cambio, provincias enteras de su mitología”.
En “Deep City” reaparece este cruce, la visión de un mundo que se ha alimenta de una y otra expresión, construido en este caso de viñetas en blanco y negro. Publicada durante la década de los ochenta en revistas de España y Argentina, en formato de capítulos cerrados, fue creada por el dibujante Francisco Solano López – “El Eternauta”, “Ministerio”–  y el escritor y crítico de jazz Carlos Sampayo – “Alack Sinner”–. Esta edición, estadounidense, enteramente en inglés, se editó por los mismos años.
Es el comisario Evaristo –  rostro duro, ojos cortantes, figura gruesa, en definitiva, una presencia que intimida – y la ciudad de Buenos Aires los protagonistas de las siete historias del libro que se desarrollan entre finales de los ‘50 y principios de los ’60. Inspirado en la figura del mítico policía argentino Evaristo Meneses, éste es principalmente un hombre ético, de códigos entre los delincuentes, que prefiere dejar como último recurso la violencia. Utilizando diálogos cortos e imágenes que se suceden rápidamente, dibujadas con la pluma maestra de Solano López, las historias de Sampayo son un cross a la mandíbula que continúa su efecto en la memoria del lector por mucho tiempo. Son piezas que transitan el trecho negrísimo del policial duro norteamericano donde los personajes están derrotados de antemano sin ninguna afectación ya que simplemente son creíbles por ser humanos, demasiado humanos.
El libro abre con “Breaking the tie”, una historia en el que un deuda del pasado, esos resentimientos que se arrastran como viejas pesadillas pegadas al sueño,  logra por fin tomar revancha en el presente. En la siguiente, “The Famous Lubitsch Case”, lo que parece el secuestro de una adolescente da un giro sorpresivo que concluye con cierto sabor tragicómico. Es por eso que la ciudad de Buenos Aires retratada por Solano López, tan extrañamente europea como americana en sus arterias, se une perfectamente a esta atmósfera implacable de Deep City. 
Así, la dupla creativa refuerza el concepto de otros artistas a lo largo de la historia del comics, ya sea en la Chicago alucinada de “Dick Tracy” (Chester Gould) o las imaginadas Gotham City de Batman (Hill Finger y Bob Kane) o la Santa María de Perramus (Alberto Breccia y Juan Sasturain), que encontraron en la ciudad contemporánea el escenario adecuado para desarrollar la justicia y la miseria, en pocas palabras, nuestra predilecta obra colectiva.     
                                                                             
 
                                                                                                                              Vera
 
Review Deep City,Carlos Sampayo –  Francisco Solano López, (Hojasbravas)
 

Monday, October 10, 2011

Eduardo González Viaña: Bad Dreams in America





The appointment is in Books and Books, a well-known bookstore in Coral Gables, a peaceful residential neighborhood in Miami. That’s where Jaime Bayly lives, but he’s not around. In a small auditorium improvised in one of the rooms, however, about 20 readers listen to Eduardo González Viaña present the English-language edition of American Dreams, a work that has given him great satisfaction.

 The host is Beto Ortiz, a journalist and writer who, like Viaña and Bayly, is a Peruvian living in the United States. First published by Alfaguara, this book of 19 stories has become a small best-seller. Everyday Viaña receives e-mails from all over the United States from Latinos thanking him for this stories where with sharp insight and prose praised by Bryce Echenique they feel that someone has recorded their lives, dreams, and some of their nightmares in a foreign land.

There is something of travesty about the exodus across the thin line that is the border South of the Rio Bravo, that the author of “Frontier Woman” and “The Dead Fish” compares to “the biggest and most transcendent since the Jews walked toward the Promised Land.”

Can you tell us how you came up with the idea of recounting the voyage of Latin Americans to the United States?

— In the early 90s, when I was a professor at Berkeley, I received a visit in my office from an ancient Guatemalan woman. She wanted the university to lend her a “small atomic bomb” that could supposedly cure cancer. She had read about it somewhere and that’s why she came illegally to the United States. Her son, in his 50’s, had desahuciado in his own country, but she brought him here completely sure that they would be able to cure him. I was fascinated by this mother’s love and I thought that it was a symbol for the experience of all of us. I decided to write this story. After that, other stories, or the true story, came to me day after day. I will have to write many more books to tell them all.

In all 19 stories there is a lot of hope but also desperation. It seems like the American Dream is sometimes a nightmare.

— The majority of immigrants come here pushed by terrible problems in the land they have left behind. They don’t arrive; they flee. Under those circumstances, it’s more than likely that the dream will become a nightmare.

You have lived here a long time. How has the Latin community in the United States progressed and what challenges still lie ahead?

— I’ve lived in the United States for 15 years. In that time, I’ve seen many totally gringo communities transformed suddenly. A taquería truck replaces fast food with tacos that are cheaper and taste better – or at least have some taste. Spanish classes are offered in the public library. The economic power of our community is being felt. Banks and stores try to attract us. Advertising speaks our language. I’d like it if the community’s political presence would be expressed as well, if our people would vote. I’d like it too if ou people would by books – including, of course, American Dreams.

Why do you think more and more Latin writers decide to live in the United States rather than Europe, as they used to years ago?

— You’re right. I also did my “obligatory European service.” I lived in Paris and Madrid for six years, some of which were the best of my life, especially the years I spent in a tiny apartment on Galileo Street in Madrid. What happened? How did I end up here? I don’t know, but I don’t regret it. It’s peaceful enough for me to write what I have to write. Overall, I know what I have to write from here until I die.


How important was it for your career when you won the international Juan Rulfo prize? What does it mean to you that American Dreams is a bestseller in Spanish?

— It scared me when I heard the news in both cases. I said: Caramba, Eduardo, know you’re screwed. Now you’re really going to have to write morning, noon, and night. You don’t have an excuse for resting anymore. You’ve won a terrible responsibility.        
 
 
 
 
                                                                                              Vera

 
Interview Eduardo González Viaña (Meansheets)